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Viaje a Capurganá

 

 

 

La odisea de cruzando en lancha de Colombia a Panamá comenzó saliendo a las 10 de la noche de Cartagena con rumbo a Montería. En la puerta del autobús había un puesto de control militar, revisaron a todxs los pasajeros, excepto a nosotrxs (acto que nos indignó).

 

 

Llegamos a destino a eso de las 4 de la madrugada y en la parte trasera de la Terminal ya se encontraban las camionetas que nos llevarían hasta Turbo (unos 20 usd por persona).

 

Estábamos muertos de sueño pero la carretera se encontraba en pésimas condiciones por lo que la camioneta no paraba de dar saltos por los constantes baches. Ya que no podía dormir, opté por conversar con la chica que estaba sentada a mi lado. Hablando con ella me volví a indignar: me enteré que a las personas afro-descendientes les cobraban más caro (ella tuvo que pagar por ella y por su pequeña bebé). Me dio mucha impotencia y bronca. En determinado momento, la camioneta se detuvo en la carretera para otro control militar y unas personas uniformadas preguntaron de quiénes eran las mochilas, a lo que el conductor le respondió: turistas (o sea, nosotrxs). Parece que la respuesta fue suficiente, porque dicho esto nos dejaron continuar viaje. Llegando a Turbo, y puesto que ya estaba amaneciendo, ya se podía vislumbrar mejor la vegetación y observar al costado de la carretera a muchos campesinos trabajando en las plantaciones de plátano.

 

 

Llegamos al pueblo pasadas las 7 de la mañana, con barro hasta las rodillas y caminando bajo una molesta llovizna nos dispusimos a recorrer un poco el lugar. Aunque no contábamos con mucho tiempo ya que la lancha a Capurganá salía a las 9. Antes de subir a la lancha, compramos unas bolsas de nylon (para cubrir las mochilas) y tuvimos que pagar sobrepeso (el permitido es 18 kilos). Finalmente nos subimos a la lancha y comenzamos el recorrido. A los pocos minutos nos detuvimos en un control militar donde nos pidieron los pasaportes y luego lanzaron a los perros encima de los equipajes para asegurarse de que nadie estuviera transportando drogas. No hallaron nada, por lo que rápidamente continuamos viaje. Más adentrados en el mar la lancha comenzó a pegar saltos. Los brincos no eran el problema sino el impacto de los mismos, pero por suerte un chico que ya estaba acostumbrado nos aconsejó que cuando la lancha saltara debíamos separarnos un poco del asiento y flexionar las rodillas para amortiguar mejor la caída (cosa lógica, pero que en el momento debido a los nervios si no me lo hubieran recordado, no la hubiera hecho). Con las nalgas y la espalda algo dolorida, llegamos luego de dos horas a Capurganá, lugar que apenas vimos nos enamoró.

 

 

 

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El caribe colombiano (Playa El Aguacate)

 

 

 

El paraíso antes de la tempestad

 

 

 

Capurganá es un corregimiento del municipio de Acandí, Departamento del Chocó en el el golfo de Urabá. Muy cercano a la frontera colombo-panameña. Es una población turística aislada puesto que sólo se accede a ella por agua o aire. Se encuentra ubicada al norte de Colombia y durante mucho tiempo fue habitada por la comunidad indígena Kuna Yala, quienes la llamaron “tierra de ají” o Capurganá (en su lengua). La poblaron hasta principios del siglo XX cuando fueron desplazados por los colonos mulatos que llegaban desde la ciudad de Cartagena.

 

 

Lxs indígenas entonces migraron hacia el archipiélago de San Blás (Comarca Kuna Yala) en el vecino y actual territorio de Panamá. Donde luego de duros y sangrientos enfrentamientos, llegaron a un acuerdo con el gobierno panameño creando una comarca semi-autónoma donde los nativos ejercen su propia autoridad (y se mantiene y respeta hasta la actualidad).

 

 

Nos quedamos en un hostal muy bello por 7 dólares (por los dos) en una habitación con baño privado. Contábamos con una vista preciosa al Mar Caribe. No nos podíamos quejar.

 

 

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Capurganá

 

 

 

El pequeño pueblo es muy fácil de recorrer, no existen los automóviles, como modo de transporte se utilizan caballos (aunque no me agrada la tracción a sangre y mucho menos si se ven bastante desnutridos) las bicicletas y alguna que otra moto (no podía ser perfecto :/ ) Como el clima mejoró y el sol se asomó, decidimos ir a la playa, un lugar de lo más tranquilo (si bien es un lugar considerado “turístico” la cantidad de foráneos es ínfima) donde descansamos debajo de una palmera. Por la noche comimos en una cenaduría local y nos fuimos a dormir bien temprano. Sabíamos que al día siguiente nos quedaba otro tramo de viaje en lancha, esta vez la distancia era más corta y por ende un viaje más corto (o eso creíamos, ingenuamente).

 

 

 

 

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Playa El Aguacate

 

 

Por la mañana bien temprano realizamos el trámite migratorio e hicimos la salida oficial de Colombia Decidimos ir al Consulado de Panamá en Capurganá para corroborar la información que teníamos acerca de los requisitos. El lugar era una pequeña casa con un cartel pintado a mano. La cónsul nos volvió a decir lo de “solvencia económica” (recordemos que como requisito piden mostrar 500 dólares en efectivo, nosotrxs NO teníamos esa cantidad en efectivo). Le dijimos que contábamos con tarjeta de crédito y preguntábamos si eso sería suficiente, la respuesta fue que “no sabía y que debíamos averiguarlo ya una vez en Migración panameña”. Con bastante desconcierto y sabiendo que nos lanzábamos al abismo, compramos los boletos con destino a Puerto Obaldía y cambiamos los últimos pesos colombianos por dólares deseando que todo sea una gran exageración y que al llegar a Panamá nos sellen el pasaporte sin más preguntas.

 

 

 

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El muelle de Capurganá

 

 

 

La lancha era mucho más pequeña que la que nos había llevado hasta allí. Sólo cabíamos 5 personas (contando al conductor). Nuevamente tuvimos que pagar por exceso de equipaje y con una sonrisa dejamos atrás Colombia. El viaje que se suponía debía durar 40 minutos ¡llevó 2 horas!. Tuvimos varios inconvenientes en el recorrido…

 

 

Primero: Había tormenta. Además, los otros dos pasajeros eran muy pesados y eso hacía que entrara mucha agua al bote (nos hicieron intercambiar lugares varias veces y sacamos agua con una cubeta para evitar hundirnos). Luego: la bujía se mojó y tuvimos que quedarnos varados en un agitado y lluvioso mar hasta que la bujía se secara. Como pudo, el conductor logró llegar a La Miel (playa panameña) donde nos quedamos una media hora. Descansamos en el muelle, puesto que la pequeña costa (lo que se suponía que debería ser paradisíaca) estaba completamente cubierta de basura. A los pocos minutos de volver a la lancha y seguir rumbo a Puerto Obaldía, el conductor nos dice que la lancha se está quedando sin combustible. Ya no nos importaba la lluvia, las constantes sacudidas de las olas, sólo deseábamos llegar sanos y a salvo. Para ese momento, ese era el peor viaje en lancha que había tenido en mi vida, no sabía que lo peor estaba por venir…

 

 

Y así fue, por fin divisamos el muelle del pequeño pueblo panameño. Al bajar de la lancha (empapados tanto nuestras mochilas como nosotrxs) le agradecimos al conductor por hacernos llegar con vida a la costa y nos confesó que acababa de vivir el peor viaje de su vida.

 

 

Con la energía al ras del piso, pasamos por la revisión policíaca y tuvimos que tolerar los incesantes chistes xenofóbos de mal gusto por parte de la fuerza militar hacia Camilo por ser mexicano. Ya habían pasado las 4 de la tarde y Migración había cerrado (su horario es de 8 am a 4 pm). Nos dijeron que debíamos esperar hasta el día siguiente. Decidimos buscar hospedaje, sin contar con muchas opciones…

 

 

 

Puerto Obaldía

 

 

 

Verán, Puerto Obaldía es un pueblo que en realidad funciona como base militar. El lugar no cuenta más que con 4 cuadras a la redonda, una vez allí te tienen atrapado y no te queda otra opción más que consumir y utilizar lo que ellos venden, y créanme: se abusan de su posición! Por ejemplo: en el hostal había cocina pero estaba prohibido cocinar, 15 minutos en el “ciber” te costaba 1 dólar, una bolsa de nylon para cubrir las mochilas 1 dólar.

 

 

Además de todas estas abusivas situaciones tuvimos que vivenciar el festejo de los locales respecto de la asunción del “nuevo papa” (sucedió exactamente ese día). Había en sus palabras cierto recelo de que el papa fuera argentino y no panameño. Algo que tanto para Camilo como para mi, era indiferente porque ambos somos ateos (o más afines al “paganismo”).

 

 

 

 

plan b viajero, cruzando en lancha de Colombia a Panamá, Puerto Obaldía

Puerto Obaldía, el día que llegamos…

 

 

 

Esa tarde, mientras caminábamos y nos preguntábamos cómo le haríamos para lograr el sello con sólo 75 dólares en el bolsillo, conocimos a los chicos que salvarían nuestras vidas. Juan, Esteban, Issis y Laura; dos argentinos, una brasileña (que como había vivido desde los 9 años en Argentina, parecía una argenta más) y una española, y que también se estaban quedando en el mismo hostal que nosotrxs. ¡Conocerlos fue una de las grandes satisfacciones de este maravilloso viaje! Además de ser simpáticos y super compañeros, se solidarizaron casi de inmediato con nosotrxs. Cuando les contamos nuestra situación y que no contábamos con el dinero en efectivo, ellos se ofrecieron a prestarnos la solvencia económica. Y no sólo eso, tuvieron una confianza absoluta al pagarnos el pasaje en lancha para llegar a Cartí (puesto que en efectivo teníamos menos de 100 dólares y no había modo de pagar con tarjeta).

 

 

Ahí caí en eso que dicen de que “todo pasa por algo”. Si la lancha de Capurganá a Puerto Obaldía no se hubiera roto a mitad de camino, hubiésemos llegado a tiempo a la Oficina de Migración y (probablemente) nos hubieran negado la entrada al país. Y si un día antes ellos al ver la lancha que los iba a llevar hasta Cartí, en vez de negarse a viajar en pésimas condiciones, se hubieran ido en vez de esperar un día mas: ¡NO NOS HUBIÉRAMOS CONOCIDO!

 

 

Gestos como el que ellos tuvieron para con nosotrxs no se olvidan, son personas a las que les estaremos eternamente agradecidas (y con lxs que seguimos en contacto hasta el día de hoy). Entre tanta charla nos pusieron al tanto de los manejos que se hacían en cuanto a las lanchas y los aviones. Porque una vez en Puerto Obaldía hay dos opciones para seguir viaje: otra lancha hasta Cartí (en un supuesto viaje de 6 horas) y de ahí en 4 x 4 hasta Ciudad de Panamá ó en avión (45 minutos hasta la capital panameña) en lo que te venden como un “vuelo charter”. Después de la pesadilla que acabábamos de vivir lo último que deseamos era otro viaje en bote, pero como todo en el pueblo supone un negocio! cuando preguntas por el boleto de avión te dicen que no hay lugar hasta dentro de una semana y si quieres un vuelo express (para no esperar) ¡te cobran el doble!

 

 

Las lanchas son otro abuso, ya que cada lanchero tiene un día designado para salir y si ese día no sale, no importa porque al día siguiente su lancha seguirá siendo la opción hasta que salga y le toque el turno al próximo lanchero. Los chicxs argentinos hacía dos días que estaban atascados en el poblado, porque se negaron a subirse a una lancha que contaba con un solo motor, que llevaba 10 pasajerxs (era evidente que era demasiado peso para la capacidad con la que contaba) y que visiblemente se encontraba en pésimas condiciones. Pero por suerte para ellxs (desgracias para los que no se bajaron) la lancha zarpó con el resto de los turistas y pudieron constatar que la lancha que le seguía estaba en mejores condiciones, era más grande y contaba con dos motores.

 

 

 

plan b viajero, Odisea a Panamá

Cocinando a escondidas

 

 

 

Después de reservar lugares en la lancha, decidimos ir a ver la playa del lugar, para encontrarnos con el triste paisaje de encontrarla repleta de basura. Decidimos quedarnos sentados en el muelle, tomando unos ricos mates, mientras se acercaba la noche para disfrutar de la maravillosa vista de un cielo desbordante de estrellas y de constelaciones nuevas (que hasta el momento sólo conocía por libros o mitos griegos).

 

 

 

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El clima no mejoraba… (Puerto Obaldía)

 

 

 

A la mañana siguiente nos despertamos bien temprano y desayunamos. Lxs chicxs nos prestaron el dinero y nos dirigimos a la Oficina Migratoria. El trámite fue rápido, apenas vieron los dólares en efectivo nos sellaron el pasaporte y antes de salir del lugar, el oficial hasta “me felicito” por el nuevo papa. Volvimos al Hostal, devolvimos el dinero que nos habían prestado, y antes de subir a la lancha tuvimos que pasar por otra revisión (cosa que nos resultó bastante absurda a todxs, ya que nos habían revisado las pertenencias y si teníamos algo, significaba que la gente de ese lugar nos lo había vendido).

 

 

Nada sabía ni estaba preparado para el viaje que estábamos a punto de vivir: ¡El viaje en lancha hasta Cartí!. Pero esa es otra historia y te la cuento en Cruzando en lancha de Colombia a Panamá – Odisea Parte 2

 

 

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Somos Gabriela De Marcos y Camilo Peña, una argentina y un mexicano que en el 2012 hicimos del viaje un estilo de vida. Nos gusta viajar lento, vivir en armonía con la naturaleza y compartir experiencias y relatos de viajes.

Comments:

  • 10 Marzo, 2017

    Hola una pregunta yo quisiera viajar de colombia a panama tambien pero me hablaron mal de turbo que alla los que te llevan ellos mismos te roban o te secuestran quisiera saber que tan cierto es eso o es una simple leyenda urbana o algo asi atte Ramón

    reply...
  • Angela

    28 Noviembre, 2017

    Hola!

    Quisiera saber si ustedes se han ido de Panamá a México en autobús o en coche.
    Sí es así, por favor… ¿Cuál fue su experiencia en vivencia y costo?

    reply...
  • Rafael

    25 Junio, 2018

    Nooooooo que experiencia chicos! Que fuerte todo lo que cuentan.

    Gracias por compartir sus experiencias de viajes.

    Saludos

    reply...
  • Edwin

    19 Agosto, 2018

    Hola quiero saber cuanto cuesta el viaje de panama Hasta usaba Colombia

    reply...

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