Plan B Viajero

Máncora

Pequeño pueblo turístico en el norte de Perú, a 3 horas de la frontera con Ecuador.  Llegamos a Máncora de mañana desde Huanchaco, el panorama que vislumbras ni bien bajas del camión son docenas de moto-taxis que se te abalanzan encima para llevarte a hosteles (reciben una comisión por conseguirles clientes) en esos momentos hay que tener decisión y carácter porque se vuelven muy pesados, se pelean entre ellxs y no te permiten explorar todas las opciones para determinar cuál es la mejor. Lo mejor es hacer una búsqueda personal (no hacer tratos con los moto-taxis) nosotrxs después de mucho buscar encontramos un hostel pequeño, bastante cálido y hogareño de una pareja; una chilena (La Pola) que vivía con su marido peruano (Víctor) en una cabañita alejada del centro de Máncora (además tenían un bar en la playa y una escuela de surf) un lugar bastante más tranquilo, alejado del ruido y la parafernalia turística, creando una atmosfera bastante relajada en la zona de los bungalows. La pasamos muy bien ahí, puesto que era una casa en la que alquilaban habitaciones y tenías acceso a toda la casa, acabamos haciéndonos muy buenos amigxs, tanto de lxs dueñxs de casa como del resto de lxs viajerxs.

 

Bungalows
Bungalows
En la casa-hostal de Pola

 

Después de dejar nuestras cosas y de acomodarnos, fuimos a comprar el desayuno al Mercado (manejan precios para locales, ya que en la avenida principal hay muchos supermercados y manejan precios mucho más elevados) volvimos, lo preparamos en la cocina y salimos a explorar el pueblo. Lo primero que hicimos fue ir a ver la playa, y nos encantó tanto que no pudimos esperar meternos al mar lo antes posible, y al hacerlo… el agua tibia, la olas ricas y las playas relativamente poco congestionadas. Máncora al ser un pueblo turístico tiene muchos bares, mucha fiesta, llega a un punto que puede ser desagradable, como cuando vas a la playa de noche y los bares tienen la música al máximo volumen que pueden, está uno al lado del otro y se hace una mezcla de electrónica barata, combinada al reggaetón del bar de al lado  y en otro un ruido súper saturado, entonces te dan ganas de huir y caminar por la playa lejos de los ruidos y sentarte solo o con amigxs a tomar una cervezas, charlar, mirar el mar y las estrellas. Hay que tener cuidado cuando te mueves por la noche en Máncora, ya que es muy turístico, no faltan los oportunistas y se dan muchos robos a extranjerxs. A un amigo acampando en la playa le robaron casi todo (dinero, pasaportes y objetos personales) incluso en el hostel en el que nos quedamos nos advirtieron de los robos. Fuera de esto hay mucho para disfrutar, el surf es muy popular ahí y ya que el agua es calentita, lo único que necesitas es alquilar una tabla y meterte al mar. Tuvimos la oportunidad de conocer a dos amigxs chilenxs que nos enseñaron a surfear, así que montamos nuestras primeras olas, tomamos unos tragos y a la noche salimos a pasear por las partes tranquilas de la playa.

 

Máncora de noche
Jugando un poco

 

En esos días también visitamos Órganos, un pueblo cercano y mucho menos turístico, en el que solo encontrabas algunxs pocos extranjerxs que iban a surfear. El pueblito parecía muy abandonado, y más, en comparación con la bella Máncora. A pesar de eso tenía una playa inmensa en la que podías disfrutar de la tranquila y la soledad.

Nosotrxs disfrutamos de Máncora porque la vivimos desde otro lugar, alejadxs de los ruidos y la estrepitosa música, porque buscábamos lugares más distanciados en la playa y porque no nos importaba caminar un poco más para llegar hasta el lugar en el que nos hospedábamos. De haberlo vivido en el centro, entre los bares y los boliches (antros) y rodeadxs de turistas, el recuerdo sería otro.

Después de pasar unos días geniales era la hora de partir, el próximo destino Guayaquil, no sabíamos que nos esperaba…

 

 

Te sumas?

Nos encuentras en:

Gracias por visitarnos!

 

Salir de la versión móvil