A 3400 msnm se alza la antigua capital del Imperio Inca por excelencia, sus calles mantienen cierta mística entre incaica y colonial, en el suelo no hay un solo papel tirado, la gente es educada y siempre se muestran predispuestas a ayudarte. Antes de llegar a esta ciudad, tenía la misma ilusión que todxs: Visitar Machu Picchu. Pero ya encontrándome en Cuzco y recorriéndola descubrí que el legado Inca más que una identidad histórica y cultural, es en la actualidad una explotación turística. Esa magia que crees vislumbrar el primer día desaparece cuando te enteras que no le permiten a los músicos tocar en la calle, cuando ves alguno que otro disfrazado de inca (que más que ritual es mera farsa para el/la extranjera) y cuando tomas conocimiento que tienes que pagar una entrada para ingresar a lo que fue la primera catedral del Cuzco, denominada por los conquistadores españoles como la “Iglesia del Triunfo” (construida en 1539 sobre la base del palacio de Viracocha Inca y que en la actualidad, es una capilla auxiliar de la Catedral) a mi parecer, todo esto es una falta de respeto al legado Inca ¿para qué? ¡Para observar el saqueo a una cultura y la posterior cristianización? No ¡gracias! Yo por eso no pago.
También resulta hasta gracioso que la mayoría de los carteles e invitaciones a excursiones se encuentran en inglés (y el valor es en dólares). Uno que anda viajando, queriendo descubrir América Latina y viene de Bolivia (que a pesar de la cantidad de turistas que la visitan) la gente se mantiene fiel a sus costumbres y a su cultura y te sentís tan a gusto aún entre autobuses que no funcionan bien, en carreteras extremadamente peligrosas y entre todxs los comerciantes te quieren vender lo que sea. Pero acaba por no importante, porque por lo menos se siente genuino y te sentís uno más, que como viajero, es lo que se busca: SER PARTE.
No voy a destinar más tiempo a Machu Picchu que este párrafo, puesto que ya tiene toda la propaganda necesaria para atraer público. Y no creo poder aportar algo más del sitio ya tan mundialmente conocido, y además, van a encontrar decenas de otros blog de viajes que hablan de este exótico lugar. Con un molinete en la entrada y con direcciones en las “calles” (derecha-izquierda) de místico y mágico, yo creo (sensación personal) ya no le queda mucho. Se estima que 1000 personas lo visitan a diario, un lugar que fue considerado sagrado y hoy recibe tantas visitas, lo último que mantiene es su sacralidad. Y la verdad es que la mayoría de las personas sólo van a Cuzco para llegar al tan promocionado ( OJO! y no por eso menos interesante) Machu Picchu , no digo que no sea un lugar hermoso, LO ES! pero no es lo único que hay para ver por esos lados. Tampoco considero que el dinero que se obtiene de ese lugar vaya adonde a mi me gustaría (el sector más pobre de la ciudad y a los descendientes de dicha cultura) Por último, me quedo con lo que le escuché decir a René de Calle 13 en un documental: “Machu Picchu es el Disneylandia de América Latina”. Si van saquen sus propias conclusiones…
Nos instalamos en un modesto pero cómodo hostel en la Cuesta de San Blás (bien arriba) Logramos negociar y quedarnos por el módico precio de 5 soles por personas (que para ser Cuzco, nos resultó barato) Todo gracias al dato de unos buenos compañerxs de ruta (que había conocido en El Carretero) Fue una excelente decisión quedarse allí, puesto que teníamos una vista increíble a la ciudad por las noches, era poco transitado y conservaba los antiguos canales de agua, los que se convertían en música en un recorrido nocturno.
Y resultaba más que interesante lo que aprendimos de la cultura local de la mano del administrador del Hostel ¡un nene de 13 años! Llamado Dylan que colaboraba con el negocio familiar. Por consejo de él, fuimos todos los días a desayunar y almorzar al Mercado de San Pedro (a unas cuadras de la Plaza de Armas) y la verdad y comparando con otros lugares, tenía toda la razón. La gente es sumamente amable y generosa, te tratan como a uno más. El ceviche más delicioso de Perú lo probé en ese mercado (sin menos preciar el resto que fue muy sabroso también)
Como abuso a la explotación del oro Inca (que les siguen robando, por cierto) está el Museo del Inca, al que puedes ingresar como parte de un paquete que te venden para ir entre otras cosas a Sacsayhuamán y el Qurikancha (entre otros) Pero si quieren ver un museo bien pensado y sumamente educativo les recomiendo que visiten el Museo de Arte Precolombino, está muy bien curado y te permite recorrer y conocer un poco más sobre las diferentes civilizaciones que habitaron lo que hoy es el actual territorio peruano. Me gustó mucho la muestra, porque cada pieza es considerada como un objeto artístico y se le da el reconocimiento y la identidad a su creador/a como artista, y no se generaliza a toda la cultura por ello, tratando con el mismo valor a todas las culturas prehispánicas sin poner en un pedestal a ninguna de ellas (muy distinto del Museo del Inca que valoriza por sobre las otras a la cultura Inca, cuando ésta es en parte el legado de las anteriores)
También es interesante salir del casco turístico (perdón, histórico) y ver la otra cara de Cusco, esa que no te muestran en ninguna foto y que también es la realidad de la ciudad, donde ya las calles ya no se ven tan impecables y las personas no lucen tan amables. Donde ya no ves turistas con el clásico gorrito Coya o Chullo (en quechua) el pantalón a rayas y el suéter de alpaca. Por esa zona, hay muchos centros culturales, y se pueden encontrar con actividades más que atractivas.
Nuestro deseo era trasladarnos hasta Nazca para ver las famosas líneas, pero cuando conocimos el valor de la excursión hasta el sitio arqueológico (que también era en dólares por cierto) y teniendo en cuenta que la idea era llegar hasta México, desistimos de tal idea y decidimos viajar a Lima para encontrarnos con unxs buenxs amigxs que se ofrecieron a hospedarnos.
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